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Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación

Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación

La iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, de tres naves, es de estilo manierista y está inspirada en el esquema de Vignola que Alonso Barba aplicó en iglesias como la de Santo Domingo de la capital.

 

Construida a finales del siglo XVI, el exterior es sobrio y compacto, con cubierta de artesa. La portada tiene un relieve de la Anunciación y en los extremos los escudos del Obispo Sarmiento. La torre, con el escudo del obispo Moscoso, es obra del XVII.

 

El interior destaca por su variedad, con tramos cubiertos por cañón y lunetos y otros con bóvedas de aristas, según sean rectangulares o cuadrados, con profundas capillas hornacinas desiguales. Cuenta como elemento más sobresaliente con un retablo obra de Sebastián de Solís, el que fuera autor también del de la iglesia de San Bartolomé de Jaén, y al que se le atribuyen obras tan carismáticas como la talla de Jesús Nazareno (“El Abuelo”, que se procesiona en Jaén) y el retablo de la Capilla Dorada de la catedral de Baeza.

 

El retablo mayor de la parroquia de la Encarnación presenta una clara ordenación arquitectónica de un espacio concebido armónicamente, enmarcado por colosales columnas corintias, fiel a la tradición clasicista, con esculturas y relieves bien integrados en la geometría piramidal de su estructura. Consta de dos pisos, con tres calles y dos entrecalles. En la del centro, la calle que destaca jerárquicamente, cierra el espacio del ático un frontón que acoge el busto de Dios Padre y, por debajo, cerrando las entrecalles, dos frontones curvos sobre los que descansan las alegorías de la Fe y de la Justicia. Entre las esculturas del retablo llaman la atención las de Jesús y la Virgen; San Marcos y San Lucas, entre frontones partidos; otras alegorías como las esculturas aladas de la Esperanza y la Caridad; o los bien ambientados y policromados relieves de la Visitación, el Nacimiento de Cristo, o la Anunciación; o, a menor escala, los de San Roque, San Juan o San Mateo.

 

La claridad de la composición, la solemnidad que imprime el canon clásico, la articulación ascendente, la visualización del conjunto, la contención expresiva de las imágenes en la línea de Berruguete, la minuciosidad artesanal en el cuidado de los detalles en las individualidades y grupos escultóricos, así como la armónica orquestación del conjunto, convierten al retablo de la iglesia de Cambil en una de las obras maestras de la provincia.